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|| AU RP || @Sebastian-Michaelis ||

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-“Creo entonces que no dormirás demasiado esta noche, Sebastian…”- 

-No pensaba hacerlo, Ash.-

Sonrió el joven pelinegro, feliz de que por fin estaban yendo hacia una parte. Ahora sí tendría la oportunidad de saciar esos deseos suyos por su ex mentor, por ese hombre tan perfecto que tenía al frente suyo. Cerró los ojos en cuanto Ash se acercó hacia él, su aliento desvaneciéndose al sentir sus labios cerca de sus oídos. Le sorprendió, pero no se atrevió a moverse con temor a arruinar el momento; estaba como en una fantasía que parecía que se terminaría en cualquier momento.

Se exaltó en cuanto los labios del mayor jugaron con su lóbulo, causando una serie de escalofríos correr por el cuerpo del menor. Su corazón parecía querer detenerse, provocándole pequeños ataques de ansiedad, pero no le molestó en lo absoluto. Hizo puños su manos para contenerse, mordiendo su labio inferior para enfocarse en ese frío contacto contra su piel. Si Landers buscaba provocarle y volverlo ansioso, lo estaba logrando. Michaelis respiró con dificultad, pero inhalando el rico aroma del hombre; le intoxicaba de tal manera que entumecía su cabeza.

Se separaron nuevamente, ayudándole al pelinegro recobrar su aliento perdido por unos segundos. Intentó enfocar sus ojos sobre Ash, pero su cabeza estaba demasiado distraída que le costaba trabajo.

-“Dime, Sebastian, ¿prefieres que vaya lento o que pase directamente a…?”-

Sebastian alzó una ceja con curiosidad, sus ojos abriéndose en cuestión de segundos al sentir una mano intrusa en su entrepiernas. Su labio inferior tembló mientras la mano del mayor le acariciaba el miembro, su corazón latiendo más fuerte al pasar los segundos. Le excitaba, le emocionaba y lo enloquecía. Intentaba no gemir, pero parecía que su querido colega sabía bien dónde atacar para perjudicar su compostura. Era irónico; jamás había tenido algún encuentro sexual con Ash, pero parecía que todo un experto para saber estremecer y despertar su apetito sexual, sin dificultad alguna.

Abría y cerraba los labios con tal de mantener su aliento estable, pero por cada inhalación que cometía el pelinegro le era robada por las caricias de Landers. Se sentía vulnerable, aunque a la vez le fascinaba. Tal fue su emoción que soltó el primer gemido, provocándole otro y otro hasta formar una secuencia, el siguiente más audible que el anterior.

Al parecer había obtenido la atención de su ex mentor, puesto que sus labios fueron atacados por los hambrientos del otro, bajando hacia su cuello donde permanecieron ahí por un rato. Sebastian gimió más fuerte, mas no intencionalmente.

-Mierda… Ash…-

Estaban ya contra la pared, y el joven psiquiatra no podía salir de su agarre. Su cuerpo seguía temblando, tanto arriba como abajo. Las caricias entre sus entrepiernas más la violación de su cuello, todo era demasiado para Michaelis. No lo detuvo. Arqueó su cabeza un poco, suspirando con placer entre más fuerte eran las mordidas y frotes. Su miembre ya estaba demasiado despierto como para ser ignorado, y bien sabía que Ash lo hacía a propósito.

-“Te ves… apetecible, Sebastian…”-

-Cállate…-

Respondió jadeante, sus mejillas sonrojándose más ante el comentario del mayor. Dirigió sus manos hacia la cabellera nívea y sedosa y enredó sus dedos delgados entre sus suaves hebras. Se estaba desesperando por tanto jugueteo de parte de su colega, solamente le excitaba y dejaba deseando por más. ¿Cuánto más sufrimiento tenía que pasar el pobre por ese hombre?

Sebastian no podía evitar cerrar los ojos cada vez que esos labios tan invitantes se acercaban a los propios, provocándole mariposas en su estómago. Continuaba jadeante, pero intentaba no mostrarse tan evidente frente a su ex mentor. No quería jugar más, lo quería suyo en ese momento.

-Deja…de jugar…idiota…-

Gruño el ojicarmín, su mano recorriéndose hacia la nuca de Ash para empujarle y ambos labios hacer contacto. Le besó con fuerza y desesperación, aclamándolos como suyos con una mordida en el labio inferior. Añoraba tener esos labios contra los suyos desde que estaban en el restaurante. Húmedos, suaves y dulces; tal y como el joven psiquiatra se los había imaginado.

Postrando ambas manos sobre los hombros del mayor, se aferró con fuerza al material de su camisa, acercándose más y más con tal de profundizar aquel beso que supuestamente era prohibido. En su vida jamás hubiese hecho tal cosa, pero Michaelis no era de aquellos que se arrepentía de sus acciones, al menos no estando ebrio. Se estaba divirtiendo demasiado como para pensar en las consecuencias. No se molestaría en volverlo a hacer en un futuro.

Rompió contacto y se relamió su labio inferior; estaba jadeando, y sus ojos permanecían puestos sobre el apuesto hombre que tenía frente suyo. Aún tenía sus manos bien puestas, y había poca distancia entre ambos rostros mientras Sebastian recobraba el aliento. Le había encantado ese beso, se había quedado hambriento por más. Su cuerpo estaba ardiendo, su corazón palpitando con fuerza que hasta parecía que botaría su pecho en cualquier momento. Observó al otro detenidamente, queriendo capturar sus gestos. Pero eso sí, no importaba cómo se expresaría ese hombre, el pelinegro no dejaría de sentir lascivia por él por toda la noche.